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Es mi alma el que mira por mí
 
Es mi alma el que mira por mí.
Son mis ojos engañosos,
que pueden ver la belleza,
los que me incitan a creer
que el niño se ha vuelto hombre
y que la luz tendrá su lugar
algún día entre nosotros.
 
Es mi humilde esperanza
la que ve lo que no ocurre
y aunque no pierda la fe
el afilado acero atrae siempre
al entusiasmo del ahora,
la decepción del mañana
y al eterno hambriento hermano.
 
Alimento el fuego de la verdad
para pasarte mi antorcha
y tras la ingenua expresión de tu rostro
dos brazos sin manos me esperan
impidiendo que se expanda lo sagrado.
Te has quemado con otras llamas
por no saber distinguir entre hoy y siempre.
 
El canto de las sirenas te aturde en alta mar.
Ya no buscas el faro ni las estrellas,
olvidaste tu guía, el horizonte,
te has dejado fascinar por sus hermosas ficciones.
Ya no luchas por seguir,
no amas ni odias ni vives.
Engañado sólo por ti duras la vida.
 
Enmudecido sigo mi camino.
Una inmensa pena me invade
pero no puedo elegir, debo seguir.
Si sólo comprendieras cuando dices sí,
si fuera cierto que te importa,
si pudieras oírme con tu corazón.
 
Seguiré mirando con mis ojos tiernos,
esperaré a que el destino sea haga realidad,
continuaré soñando con la muerte de la guerra,
aceptaré con dolor las limitaciones, tuyas y mías,
nos miraré como un todo humano e imperfecto
y veré, como en otros tiempos,
esos golpes sordos contra la pared.
 
SaaradarshinaH
Pablo Rego- ©2002