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La percepción como prueba de lo intangible

 Los seres humanos han experimentado diferentes formas de ver una cuestión que todos conocemos pero que nos cuesta individualizar. El bienestar que provoca cada salto y cada progreso que hacemos hace que podamos sentir cierto equilibrio y una claridad, venida de algún sitio desconocido, que nos da seguridad para decidir y claridad para elegir.

 Creo que terminó la era de generar misticismos y dar nombres espectaculares a cuestiones que tenemos tan cerca y con las que debemos aprender a convivir.

 Cuando tenemos esa sensación de equilibrio y bienestar –aún que, al principio, sólo sea por instantes- es el momento de darle crédito a un sentido adormecido y poco explorado al que está muy ligada la percepción.

 No voy a inducirte a creer en nada. Sólo tú sabes cuantas veces has tenido la sensación de conocer a alguien o saber algo sin que nadie te lo diga..... ahora, apelo a eso también.

 Si comenzara a ponerle nombres a este tipo de fenómenos caería en la falsedad intencional que pusieron en práctica seres perceptivos que trataron de sacar provecho de otros seres menos perceptivos. La intención de sacar provecho de lo poco explorado es lo que genera, en la actualidad, el descrédito y desconfianza a los representantes de las diferentes religiones o formas de crecimiento espiritual.

 Si te permites sólo una vez comprobar si eso que has sentido puede tener relación verdadera con la realidad, seguramente te darás el permiso infinitas veces a lo largo del resto de tu vida ya que es un recurso dormido al que todos tenemos acceso y puede facilitarte muchas situaciones, haciendo favorable las circunstancias.

 Una serie de elementos que no podemos ver ni tocar forma parte de nuestro cuerpo viviente. Esto está directamente conectado con los sentimientos y se pone de manifiesto al relacionarnos con otras personas o con las cosas que nos rodean. Muchos elementos, como actividades físicas o la alimentación, influyen directamente en esta parte nuestra que no tiene forma definida y si nos permitimos aguzar nuestro aspecto sensitivo, podremos comprender y cuidar para nuestro provecho personal.

 

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