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El verdadero éxito

 Existe un  concepto muy instalado dentro de nuestra civilización que tiene que ver con conseguir el éxito a través de determinadas recetas y recorridos.

 La meta propuesta  siempre es el cambio de objetivo y por tratar de encontrar el camino marcado nunca encuentras el verdadero.

 Al encontrar una vía que parece ser la correcta comienzas a caminar y a medida que avanzas comienzan a surgir mil dudas que sólo cuestionan a aquella decisión original de seguir esa ruta que parecía ser la correcta. Esto parece definir la frase: “dar vueltas sin saber que hacer”.

Entonces se plantea la lógica decisión de seguir algún camino hasta las últimas consecuencias, cueste lo que cueste... pero ¿cuál?

Ya totalmente desorientado comienzas a buscar algo mejor que el camino; los motivos por los cuales no voy a tomar ningún camino.

Cualquiera parece ser bueno. Por no tener el lugar adecuado. Por no contar con los medios. Por no ser amigo de las personas correctas. Por no haber tenido la educación y/o la cultura necesaria.

 Ante este panorama es más fácil echarle las culpas a factores externos que tomar la responsabilidad de construir nuestro destino en forma consciente.

  Este es el mayor desafío que la naturaleza le puede poner delante a uno, ya que sin la posibilidad de tener un poder intelectual que desarrollar ni siquiera existiría la duda, ni la búsqueda del camino, ni la solución y estaríamos abocados día tras día a resolver, sin saber lo que eso significaría, los problemas básicos que ya tenemos resueltos merced a la “evolución” intelectual de la especie humana.

 Resulta así, que tenemos todo el tiempo de nuestras vidas sólo para nuestro propio regocijo, aunque nuestro desorden social y el mental que este provoca, no nos permita darnos cuenta de ello.

 Por esto, el camino del éxito sólo puede ser aquel que elijas con verdadera libertad, independientemente de las tendencias e involucrándote de lleno con la realidad de tu propia química, que es lo que debemos aprender a conocer para encontrar ese camino que nos conduzca al verdadero éxito: La plena felicidad o, siendo un poco menos pretenciosos,  una serenidad permanente.

 Permanecer en un estado de bienestar físico y emocional constante nos dará la pauta que estamos dándole un buen sentido a nuestras vidas, llegando a disfrutar de cada instante vivido.

 

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