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La búsqueda del propio camino

 Uno tiene la necesidad de conectarse con su esencia, con lo que en realidad es.

Para eso debe recorrer el camino que lo lleve a detectar pequeñas señales que usualmente están en los distinto rincones de la estructura que se va formando con el correr de los años.

Para un niño, esto no es problema. El camino recorrido no es tan largo, por lo tanto la estructura no ha crecido demasiado. Pero con el correr de los años, la propia debilidad lleva a las personas a convertirse en una imagen bastante fiel de lo que las fuerzas exteriores hacen de ellas.

 Comienzan las búsquedas.

Para encontrar la esencia, la verdadera “forma del ser” comienzan a recorrerse caminos que imitan los caminos por todos recorridos. Allí dónde alguien encontró una supuesta felicidad, buscamos la nuestra. En las tareas por otros realizadas creemos poder hallar lo que buscamos dejando una vez más de acertar en nuestra búsqueda.

Es lógico que ante este panorama, comencemos a creer que estamos herrando el camino y que aquello que elegimos no nos satisface. Así, volvemos a cambiar de parecer infinitas veces sin encontrar satisfacción alguna en cualesquiera de las tareas elegidas y desarrolladas aún que sea temporalmente.

 ¿Por qué buscar fuera lo que tenemos dentro?

Cuando sentimos la necesidad de conectarnos con nosotros, de encontrar nuestra esencia, de ser honestos con nosotros mismos para evitarnos la constante duda de saber quienes somos, el sistema de interrelación en el cual nos movemos y “desarrollamos” nos ofrece muchas opciones para elegir y de las que aprender pero todas ellas nos acercan más a búsquedas de otros que a las nuestras; Si buscamos fuera lo que necesitamos, seguramente vamos a encontrar lo que otros encontraron pero no lo que nosotros buscamos, ya que, si queremos encontrar nuestra esencia, nuestro “ser verdadero” es más probable encontrarlo en nuestro interior que en el exterior.

 En la mayoría de los casos, la formación escolástica o académica, nos da la oportunidad de hallar respuestas en caminos ajenos; nos da la oportunidad de que aquellos que interpretaron los caminos ajenos transmitan sus interpretaciones, lo que no nos acerca ni siquiera al camino ajeno, sino más bien a la interpretación ajena de los caminos ajenos. Por lo que ¿a dónde debe dirigirse alguien que tiene la necesidad de recorrer su propio camino más que a su interior?. A ningún lado.

 Nadie dará respuestas a la necesidad única - por ser propia - que un ser único tenga. Todos somos únicos, por lo tanto realizamos un fuerte ejercicio para dejar de serlo y entonces poder acceder a espacios creados para muchos, no teniendo en cuenta las necesidades de tiempos y manejos de energía de cada uno.

 Es evidente, que el sistema idealmente organizado, es mucho más proclive a satisfacer de mejor manera las necesidades individuales que los masivos y mal organizados. Pero este pensamiento formado desde la búsqueda auténtica de un ser humano puro y esencial, nada tiene que ver con las oportunidades que da el sistema de convivencia preestablecido para conectarse con aspectos exteriores más sofisticados, que verdaderamente útiles. Allí, donde somos pura esencia, el dinero y las oportunidades de adquirir cosas del exterior nada tienen que ver.

 Cuando se tiene la necesidad de encontrar el punto interno más profundo de nuestro ser, el único camino es la honestidad con uno mismo ya que de esa forma se está más cerca de ser verdadero que tratando de ser igual a otros que tuvieron la valentía de mirar hacia adentro para lograr eso que todos transmiten por imitación.        

 

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