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Introducción

 De la propia experiencia surgen conclusiones que uno desea compartir. De la comparación con los otros nace la situación de querer abrir las alforjas de la fructuosa experiencia para que otros puedan tomar conclusiones ajenas como propias.

Durante los últimos diez años vagué por los caminos que la vida me ofrecía sin ver que frente a mí estaba el propio. Durante ese tiempo me crucé con gente que se encontraba en las mismas circunstancias que Yo, sin encontrar la forma de hallar respuestas.

Es común sentirse vacío, sin objetivos verdaderos, con una gran confusión respecto de los valores más importantes, perdido en una maraña de posibilidades que no tienen metas claras. Me he sentido así y veo a muchas personas en esa situación todos los días.

Luego de un arduo trabajo de búsquedas he llegado a comprender que nadie va a decirme lo que yo mismo no sea capaz. He encontrado la grieta para ingresar a lo profundo de mi mente y, quizá, a la tuya.

Mientras trate de parecer lo que no soy para conformar a los demás o a mí mismo no seré verdaderamente Yo sino lo que otros esperan que sea.

Este es el tramo del camino que deseo compartir contigo. El tramo del primer descubrimiento. El camino previo. El que, quizá, más cuesta encontrar y el que más dificultades y malestares produce. El tramo del camino del que muy pocos pueden salir victoriosos. El que muy pocos  transitan de principio a fin.

Habiendo hallado momentos de brillante claridad no puede uno hacerse el distraído. Por fuerte que sea el entorno para sacarnos de nuestro foco la verdad es inconfundible. Cuando la confusión es muchísima es cuando uno recuerda esos momentos de pura certeza y es eso lo que resulta una verdadera guía, como un faro en una noche tormentosa de alta mar.

El faro que pude construir es lo que deseo compartir contigo para ayudarte o para estar más cerca.      

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