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Deteniendo el tiempo

 Todos sabemos que la vida comienza y termina. Si esto te parece una verdad demasiado cruda para comprender o soportar es porque no has tomado el suficiente tiempo para mirar a tu alrededor.

 Por supuesto que este es uno de los miedos principales sobre los que funciona este sistema de encadenamiento permanente.

 ¿Cómo medimos la duración de las cosas? A través del tiempo.

¿Cómo sabemos que las cosas comienzan y terminan? Porque todo es en función del tiempo. Tu primera semana de vida, tu primer año de vida y los siguientes marcan una catarata incontenible de sucesos que concluyen inevitablemente en el último.

 Pero, ¿qué es el tiempo sino un concepto del ser humano?

Este concepto ha servido para medir distancias entre eventos o programar cosas hacia el futuro tratando de prever y solucionar posibles dificultades. Como vemos, sirve para ver hacia atrás y hacia delante pero transforma, además, a las personas en esclavos que tratan de darle un constante sentido a este concepto que, en sí, no puede ser nunca más que tú mismo.

 Si eres esclavo del tiempo, eres esclavo de los preconceptos. Si eres esclavo de los preconceptos no eres libre.

Esa angustia provocada por el incesante paso del tiempo está totalmente ligada a la falta de libertad y a las presiones que la sociedad y sus preconceptos ejercen sobre ti para que sirvas a sus propósitos sin sentido.

 Si el tiempo es un concepto del ser humano entonces debes aprender a utilizarlo a tu favor, a jugar con él, a cambiarle el sentido, a correrte de su incesante transcurrir. Es posible y puede ser divertido ver como a tu alrededor las cosas siguen pasando mientras tu estás mirando.

 Es una forma de detener el tiempo, de hacer una pausa, de olvidarte realmente de las cosas pero de manera consciente, sin evasiones ni distracciones. Mientras todo pasa tú eres consciente del instante que vives.  

 Este ejercicio sirve para tomar conciencia del momento en el que vives, para sentir cada segundo que transcurre en nuestra evolución, para quitarle protagonismo a lo que pasó y lo que pasará y otorgárselo a lo que es.

Si logras desarticular la cadena de la acción y la consecuencia y llegas a sentir que un instante puede ser, sin por eso generar algo en el entorno, le habrás quitado el parámetro al tiempo para sentir una existencia sin medida.

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