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Todo es relativo

Como seres humanos, tenemos la capacidad de inventar no sólo máquinas y elementos que alivien nuestras tareas sino que, además, podemos crear estructuras de pensamiento, conceptos, leyes y todo un mundo que denominamos y bautizamos a nuestro parecer. Dicho esto desde el punto de vista de la especie y teniendo en cuenta los miles de años transcurridos desde el establecimiento de las primeras sociedades.

 Lo curioso es que los conceptos mas profundamente arraigados en nuestro sistema de valores tienen que ver con una forma particular de la civilización y una época en que la evolución intelectual del hombre era más primitiva que la actual y con un tiempo en el que el potencial del ser humano estaba mucho más restringido que hoy.

 Entonces, muchos de los temores sobre los que hoy se ejerce presión están fundados en creencias de otros tiempos que poseen una gran cuota de ingenuidad. Si abres tu mente podrás ver la relatividad de estos elementos que parecen tan rígidos e inalterables.

 Entonces digo: Todo es relativo excepto tú

 Ver las cosas de esta manera podrá ayudarte a observar el mundo con más simplicidad.

Todos los conceptos tienen un origen. Todas las leyes lo tienen. Las diferentes civilizaciones han establecido sus reglas para la convivencia pero también para ejercer el poder los unos sobre los otros. Por eso, los elementos de valor son relativos. El valor del dinero es relativo. La importancia de poseer determinado elemento es relativa. La forma de ganarse el pan es relativa. Lo bueno y lo malo es relativo. El amor es relativo. Así podría seguir eternamente y verías que cada elemento o valor depende de las circunstancias y del entorno.

 Lo que no es relativo es lo que somos: Nuestro ser y nuestro punto de equilibrio.

 Es interesante plantearse como uno puede estudiar muy bien un idioma. Como puede aprender muy bien un oficio. Como puede conocer mucho un lugar. Como esa persona que cree tener todo bajo control puede vivir una situación que haga que todo eso sea relativo cambiando de entorno, de cultura o de circunstancias.

 Entonces, el idioma que ese ser aprendió, el oficio al que se dedicó y el conocimiento de su lugar pueden no servirle absolutamente para nada. Esa persona dedicó su tiempo a conocer todo lo que estaba fuera transformándose en un esclavo de su circunstancia.

 Un buen ejemplo es el arte. Cuando las disciplinas que este abarca están realizadas desde lo profundo del ser, el arte es el reflejo del alma. Una buena pintura o una pieza musical se disfruta más allá de la cultura de un pueblo y sus fronteras. Lo que el arte refleja es aquello que permanece inmutable en nosotros y sobre el que podemos trabajar para convertirlo en la inequívoca guía del rumbo a seguir.

 Es interesante plantearse como la persona que dedica su tiempo al propio conocimiento no se transforma en esclavo del entorno ni de su trabajo, sino que permanece libre y puede tomar las circunstancias como cosas relativas que le tocan vivir en ese momento sin darle a ello mayor importancia de la que merece.

 Puedes, entonces, darle el valor a las cosas que  tengan verdadera afinidad contigo y aliviar la presión del entorno disfrutando de lo que hagas en su justa medida y profundizando mucho más el camino que sólo tú conoces y en el que nadie más puede entrar.

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