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¿Qué nos mantiene en esa primera etapa?

  Esa primera etapa del camino es aquella en la que no elegimos entrar. Por lo tanto no tenemos claro el sentido del mismo ni la dirección ni el objetivo a cumplir.

 Ingresamos a este sitio oscuro y sin sentido de una manera involuntaria, sin pedirlo y sin buscarlo. Todo es confusión porque cuando tomamos conciencia de las cosas ya estamos participando del juego y no podemos cambiarlo. Podemos tomar una actitud diferente ante cosas similares pero no podemos modificar las circunstancias a nuestro favor.

 Comienzas a jugar el perverso juego de las culpas y las responsabilidades. Comienzan los condicionamientos y los malos ejemplos. Miras a tu alrededor y todo es malo si no haces lo que tienes que hacer.

 Entonces tomas tu rol activo en el juego y formas parte de la cadena. Este juego está basado en el miedo. En primer término “Miedo al abandono de tus seres queridos”. Luego, miedo al malhumor de los seres queridos que no te abandonan. Con el transcurrir del tiempo el miedo pasa a ser el condicionante principal de la incorrecta elección de tu ocupación para el resto de tus días. Más tarde, el miedo a no tener casa o comida. Y así: miedo a no estar lo suficientemente cómodo o que la comodidad se acabe, miedo a que los que te quieren te quieran de verdad, miedo a que no te queden cosas pendientes. En definitiva: miedos.

 Todos estos miedos forman una red que no permite que tomes tiempo en pensar quien eres o como vivir un instante de paz sin pensar en los miedos que te provoca el futuro o las culpas de lo que hiciste mal en el pasado.

 Tomando en cuenta que el tiempo es constante y cada minuto que pasa no vuelve, un día te das cuenta que vives montado en un gran segundero que te provoca un tremendo vértigo que te abruma y no sabes por que.

 Este elemento es central ya que el sistema de consumo que domina gran parte de nuestro mundo juega un papel fundamental en generarte ansiedades que luego debes saciar; así se crean productos, servicios, carreras terciarias y universitarias y se dan todo tipo de intercambios de los que uno participa sin poder evitarlo.

 Finalmente, quienes nos explican como ser partícipes de esta cadena que nunca se detiene nos muestran con su ejemplo que nuestro destino es ser perdedores. ¿Por qué? Por que lo que parece conducirnos a la felicidad sólo es una forma de dilatar aquello que tarde o temprano nos va a tocar: la conclusión al fin de nuestra vida. La conclusión de la vida.

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